El Tesoro de Thunderloth

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Resultado del Experimento "Juego de Rol" del Portal de Sueños Lúcidos

 

1)La historia del tesoro y la princesa

 

Había una vez, en un país lejano y fantástico, un Rey noble y ambicioso, que había ofrecido la mano de su hermosa y única hija, la princesa Ossira, y por lo tanto su sucesión en el trono, a quien lograre traerle el fantástico tesoro del castillo de Thunderloth. 

 

Ese tesoro, según se decía, era una fuente de sabiduría, magia y poder sin igual, pero estaba muy bien custodiado. 

 

Para llegar a él, primero había que atravesar el bosque encantado, habitado por duendes, elfos y todo tipo de criaturas fantásticas. 

 

Pero luego de superada esta prueba, una vez llegados al castillo, deberían enfrentarse a la gran hechicera Meredith, que habitaba en Thunderloth con el único fin de custodiar el gran tesoro mágico para que nadie pudiera acceder a él, excepto su auténtico destinatario. Con su magia haría todo lo posible por que ninguna otra persona se acercase al castillo encantado, y menos al tesoro secreto. 

 

Cuenta la leyenda que tiempo atrás un caballero se había casado con la princesa Ossira. El Rey le había regalado a su nuevo yerno un barco, valiosísimo, del mayor lujo que se conocía en aquella época. El caballero en cuestión, traicionando al rey y a su flamante esposa, se había marchado con el barco, para nunca volver... Prefería dejar de lado al amor de su bella mujer, y a las riquezas del reino que heredaría, renunciar al título y responsabilidades de Rey, que le esperaban en un futuro, y en cambio ir a recorrer los siete mares en su barco, vivir una vida de aventuras, con su embarcación como único hogar. 

 

La princesa Ossira estaba en la ventana de su habitación mirando todo el paisaje circundante, aparentemente sin movimiento, pensativa, perdida en aquellos parajes...

 

Al tiempo que un trovador que iba por los reinos con su laúd, observador de los acontecimientos, intentando averiguar más sobre la oscura historia que la realeza procuraba mantener en secreto. Luego en las plazas de las ciudades pueblos y castillos, cantaba las aventuras de los guerreros, las guerras entre reinos y los amoríos de la nobleza a cambio de una jarra de cerveza y una buena comida. Los reyes lo convocaban para conocer las últimas noticias y lo querían usar como mensajero interesado, pero él lo tergiversaba todo para divertirse o sacar beneficio y porque ese era su carácter. Este trovador, había llegado hasta un campo con la idea de informarse más sobre la historia de la princesa, y así fue que unos campesinos le contaron la siguiente historia como si hicieran una obra de teatro: 

 

”Desde lo que le pasó a la princesa su carácter ha cambiado, se ha vuelto rebelde, sale del castillo y se va por ahí, dicen que se ve con un conocido vive la vida, un tipo jugador, amigo de tascas y aventurero sin tierra ni hogar, el rey está preocupado. También hay rumores de que algo ha traído a este mundo a un espectro que deambula por el castillo, unos dicen que busca el amor de la princesa otros dicen que es otra cosa lo que busca...”

 

Seguramente movido por un deseo de venganza contra aquel Caballero que se había burlado de su familia, el Rey estaba dispuesto a todo para conseguir el tesoro mágico del castillo de Thunderloth.

 

Desde lugares lejanos de todo el mundo, llegan caballeros, magos, y soldados en busca del tesoro. En la búsqueda estaba Hugo de Payns, un antiguo escudero devenido en caballero, el mago Hellfire, y hasta Don quijote de la Mancha.

 

Había también postulantes más interesados en la promesa de sabiduría y poder que importaba el tesoro, que en la mano de la princesa y las riquezas del Rey, como la intrépida guerrera Iliusuili, o el mago verde y su misteriosa compañera. 

 

 

2)Comienza la travesía hacia Thunderloth

 

Un mago desterrado de su reino, llamado Hellfire, viajaba por todo el mundo en busca de sabiduría y poder. Aunque no era malvado, solía utilizar sus poderes para lograr su objetivo, sin importar qué o quién se interpusiera en su camino, real o imaginario, muerto o vivo, su poder iba mas allá de toda comprensión y sus hechizos siempre eran imprevisibles... Hechicero elemental, conocido como mago oscuro, su principal objetivo era alcanzar el poder absoluto, aventurero como muchos, buscaba siempre aquel tesoro que cumpliera sus deseos, y ahora se encontraba preso en una especie de prisión, acompañado de otros convictos, apenas entendiendo lo que pasaba, cuado uno de ellos le dijo que el escape estaba listo y que se apresurara, él no sabia que pasaba exactamente pero aun así los siguió, y escaparon por una pared de ladrillo que se acababa de derrumbar. Salieron corriendo pero terminaron desembocando adonde se encontraban todos los guardias, pasaron por un inmenso patio perseguidos por cantidad de soldados. 

 

El mago Hellfire, ignorando qué había pasado con los demás, pronto se encontró solo vagando por el pueblo. Parecía que había un festival y como aún seguía siendo perseguido decidió adentrarse entre la multitud para escapar, pero para su mala suerte en el camino se encontró con algunos guardias. Pensó en que podría pasar por en frente de ellos sin ser visto, aplicando magia, y así lo hizo: pasó por sus narices y no lo vieron, así que rápidamente se adentró entre la multitud en el festival y se subió a un carruaje donde curiosamente parecía que iba su familia. Ellos lo ayudaron a ocultarse y lo llevaron fuera del pueblo.

 

Pero él no fue el único que escapó de prisión en esa época, con el fin de aventurarse por el tesoro. También lo hizo un ladrón-guerrero, únicamente interesado en robar el tesoro y vencer al que se interpusiera en su camino. Iba siempre de negro, casi sin ser visto. Como ya le había ocurrido varias veces en su vida de ladrón, se encontraba prisionero en una mazmorra. Miró por la alta ventana de barrotes, a la cual casi no llegaba, y pensó en una manera para salir. Fuera era de día, pero con la poca luz que entraba no lograba ver apenas. Llegó hasta la entrada de su mazmorra, y vio todos los barrotes gordos de hierro, y una puerta del mismo material. Se asomó al pasillo y comprobó que era largo y que conducía a muchas otras celdas. Decidió intentar romper la entrada de alguna manera, y se le ocurrió acabar con los barrotes. Se posicionó a un metro de ellos, y tocó con la palma de su mano todos a la altura de su cuello. Entonces por donde iba tocando desaparecían los barrotes, y moviendo las manos empezó a doblarlos sin tocarlos, como con poder mental. Se doblaban hacia arriba y hacia abajo, hasta dejar un agujero por donde logró pasar. Salió al pasillo y cogió una antorcha para salir de allí aunque la luz de la misma se iba desvaneciendo…

 

 

3)En el bosque encantado…

Cuando los viajeros llegaban al bosque, se encontraban rodeados por un universo impredecible, que excedía su capacidad de imaginación. Algunos pudieron ver un lobo blanco, corriendo como un gran animal salvaje y feroz a través de campos verdes. En verdad era un hombre que se transformaba en lobo. Siempre viajaba en jauría por lo que no era fácil reconocerlo, los demás lobos que viajaban con él no eran hombres. Cuando era hombre usaba una sotana larga 

con un capuchón que no dejaba ver su rostro, pero cuando si alguien lo intentara se llevaría una sorpresa...

 

Otros se encontraron con el águila, un ser mágico que aparecía cuando alguien requería ayuda, y si era necesario se transformaba en una mujer que usaba vestido blanco. 

 

En una vueltecita por el castillo, el águila pudo ver unas personas en el camino que al parecer estaban vendiendo cosas. Vestían ropas muy antiguas, faldas naranjas con azul, pañoletas en la cabeza o algo así. Ella estaba volando sobre el castillo, y al final vio que el señor Hugo de Payns estaba trepado en una de las bardas del castillo tratando de salir. 

 

Muchos iban al lugar volando, o "nadando" en el aire con los brazos. Miraban los paisajes allá abajo, y recorrían grandes distancias, con la certeza interna de que reconocerían Thunderloth en cuanto lo vieran. Sus tierras se destacaban en tonalidades verdes y azules, con cascadas, una aldea Beige, y el castillo sobresaliendo en su esplendor sobre todas las cosas.

 

Para llegar desde lejos, incluso desde otros tiempos y dimensiones, podían usarse caminos no convencionales, como ventanas o puertas mágicas que al ser atravesadas transportaran rápidamente a otro contexto, como la puerta de un ropero, por ejemplo. 

 

Algunas personas que tal vez aún no estaban preparadas para llegar a Thunderloth, se encontraban con extrañas dificultades fruto de los hechizos protectores del tesoro, por ejemplo, al llegar al castillo, se encontraban con que el mismo parecía de plástico o de juguete, pequeño, de no más que unos 2 metros de altura, o que los árboles en el bosque también parecían de plástico.

 

Otro hechizo intentaba engañar a los viajantes, haciendo aparecer elementos que no eran propios de la época, o de la ubicación geográfica. Pero con astucia esto podía superarse. Por ejemplo un hada había comenzado a volar y a buscar un bosque. Recorrió grandes paisajes hasta encontrar uno, pero se encontraba con que el bosque tenía unas áreas donde parecía que se transitaba en un parque, por lo que se concentró en superar la ilusión y retomar nuevamente el control de lo que sucedía. Deseando ver a las personas de la época, logró que empezaran a aparecer aldeanos, entre ellos ella misma, que portaba una falda roja muy larga y unos zapatos del mismo color. 

 

Después de esto intentó ver un palacio y encontró uno muy grande y bonito, entró a través del gran portón y comenzó a subir unas escaleras de caracol, ¡más bien a bajar! Y mientras bajaba esas escaleras tocó el pasamanos que era de madera solo para sentir las sensaciones de su piel y cerciorarse de que todo era verdad, la textura de las cosas eran tan reales que parecían demostrarle que ya estaba fuera del alcance del hechizo engañador.

 

El hada caminaba bajando esas escaleras pero como vio que eran muy largas, retomó nuevamente el rumbo y se fue volando hacia otros pasillos del palacio y vio que éste se iba transformando poco a poco en una casa común y corriente, por lo que comenzó a decirse “a ver imagina como sería un castillo, quiero que lo que veas ante tus ojos lo modifiques” y como si se tratase de una pincelada las cosas a su alrededor se tornaban antiguas… 

 

Después, pensó que estaba forzando mucho a su mente y salió del castillo para seguir explorando el bosque, el cual se convertía poco a poco en una playa, donde había olas gigantes y muchos turistas que jugaban con ellas.

 

Nadie escapaba a los hechizos, hasta la misma Meredith era víctima de sus efectos. Una noche, caminando por la aldea, se encontró con modernos automóviles en la calle. Ella se dio cuenta de que esos autos no podían estar realmente allí, que estaba alucinando. Entonces se paró frente a uno, y lo detuvo con sus manos. Le dijo al conductor," yo soy una gran hechicera, y no puedo hacer que dejen de estar ustedes, ¿por qué? ¿Quienes son? ¿Qué quieren de mí y por qué se entrometen en mi camino? ". Y él le dijo que era un detective -se ve que necesitas "detectives" que te dificulten el trabajo, por algo los estás generando- le dijo, entonces lo hizo bajar del auto, con alguna prepotencia, se subió al mismo, y empezó a hacer que se transformase en un carro tirado por caballos, como ella quería. 

 

No podía ver a los caballos, pero sí sentía su andar, y escuchaba sus sonidos, se dio por satisfecha. Allí afuera, ya no había más señales de modernismo. 

 

En ciertas ocasiones, el engaño se presentaba en forma de ilusiones sensuales. Tal era el caso del boliche “La Aldea” que con su nombre atrapaba a los desprevenidos que intentaban llegar a la verdadera aldea. Había un clima bastante loco en ese lugar. Las chicas vestían con pocas ropas, algunas muy descocadas, había luces de colores, luz negra que resaltaba los blancos, mucha gente, música fuerte, vasos de plástico transparentes rebosantes de alcohol. 

 

Justimcahss, un sujeto con un abrigo largo y de color rojo vino y con una espada con el poder del trueno, de pelo largo y gris y portando dos pistolas automáticas, tenía como fin la búsqueda de la sabiduría y del poder. Caminaba por unos pasillos, y entró en una puerta. Al entrar vio una habitación grande con muchas mujeres desnudas y algunas con muy poca ropa y vio hombres también desnudos. Había personas que no lo querían ahí. Le decían que él no estaba invitado y lo que hizo fue salir de ahí. Fue caminando hacia fuera, había un portón bien grande y cuando se estaba acercando a él para salir lo estaban llamando las personas que había visto. No les hizo caso y siguió caminando hacia el portón. Cuando llegó el portón se cerró solo con seguro y no lo podía abrir y las personas lo seguían llamando para que se uniera a ellos entonces se decidió a ir donde ellos, cayendo finalmente en la trampa mortal.

 

El arcángel, con forma totalmente humana excepto por su espléndido par de alas, hizo circular entre los valientes que decidían aventurarse al bosque encantado para llegar al castillo del tesoro, algunas advertencias. 

 

Estuvo sobrevolando el bosque con la intención de llegar al castillo primero y apoderarse del tesoro, pero entonces le ocurrió algo que le hizo cambiar totalmente sus intereses, así que por el momento sólo se dedicó a echarles una mano en el camino a los viajeros. 

 

Se presentaba ante ellos para decirles lo siguiente: 

 

1.La única entrada al bosque encantado que él conocía, era un gran arco de piedra, en el que alguna vez hubo una puerta, al parecer, de hierro. Casi todo el bosque estaba rodeado por una especie de muro de maleza, que bien puede tener una pared más sólida escondida en su interior. Él no podía asesorarlos sobre la ubicación ni la naturaleza de la salida. 

 

2.A la entrada del bosque encantado, se encontrarían con un viejo vestido de campesino (aunque podía cambiar de ropas para despistar), quien seguramente les ofrecería provisiones para el camino o información, o incluso puede que se ofreciera de guía. El arcángel insistía en que lo ignoren, y por ningún motivo acepten su ayuda: este "ser" no era lo que aparentaba. 

 

3.Les informaba que el camino más sencillo para atravesar el bosque era un sendero casi borrado (de hecho desde el aire se ven algunos puntos en que desaparece) que corría junto a un riachuelo, no se sabía qué clase de seres abrieron el camino, pero parecía un camino de hombres. 

 

4.Siempre terminaba su discurso con una última advertencia " Casi siempre el camino fácil, no es para nada el camino fácil y recorrer un camino nuevo cambia toda la historia" 

 

 

4)Contactos con el tesoro

 

La hechicera Meredith contemplaba el tesoro, que era como un huevo o gota transparente, con la punta para arriba. De unos 25 cm. de altura, y 20 de diámetro en su parte más gorda. Tenía un rectangulito luminoso que brillaba y giraba por dentro. Flotaba en el aire como un globo de helio pero mucho más liviano. Si alguien lo tocaba y rebotaba suavemente, pero no se sentía al tacto, como si fuera etéreo. Si se lo bajaba un poco con la mano, volvía a subir suavemente, pero llegando hasta un punto, en lugar de irse más arriba, hasta el techo, como si fuera uno de esos globos. 

 

Empezó a llegar la gente que quería aplicar a él. La hechicera primero les dijo que tomasen alguna cosa que quisieran de una espectacular mesa dulce que puso ante sus ojos: Había tortas de manzana, de chocolate, de frutillas/fresas, lemmon pie, cheese cake, con salsas, croissants y todo surtido de facturas, bizcochos, muffins y masitas. Un gran surtido de delicias dulces. 

 

Pasaron dos personas a aventurarse por el tesoro. Un caballero barbudo con armadura, y una muchacha morena, con un vestido largo de color natural, con una gran piedra preciosa en el escote. 

 

A su turno, ambos eligieron algún plato. La prueba era solo una excusa para verlos en acción, para probar su sinceridad al explicar por qué habían elegido una cosa y no otra. No había en realidad mejor elección que otra, simplemente la sinceridad, la humildad, y tantas cosas de la personalidad que se evidenciaban ante una situación así. Luego Meredith les preguntó por qué ellos creían que merecían llevarse el tesoro. Ambos le dieron respuestas incorrectas. El tesoro sería para aquel que demostrase que utilizaría sus poderes con sabiduría y para el bien, sin fines egoístas. 

Las dos personas a las que entrevistó esa tarde, fallaron en los requisitos: él le dijo que lo merecía porque había venido de muy lejos, pasado penurias para llegar y ese tipo de cosas, mientas que ella se mostró de lo más engreída de que era más que los demás por linda, rica, poderosa y perteneciente a una familia influyente. Ninguno habló de motivaciones altruistas, quedaron descartados y los dejó ir, aparentemente.... 

 

En realidad, ella había hecho un hechizo que haría que ellos, al entrar en el bosque para regresar a sus hogares, se convirtieran en amorfas estatuas de sal al costado del camino. 

 

Como no había más aplicantes Meredith fue a la aldea. Se paró en el medio del mercado/plaza, convocó a todos y les dijo "Mañana hago un banquete en mi palacio, están todos invitados, y los que crean que tienen derecho a llevarse el tesoro secreto, podrán intentar pasar la prueba" 

 

No es que quisiera ampliar su colección de estatuas, tal vez presentía que estaba entre los humildes aldeanos la persona indicada, y no entre los ambiciosos guerreros. 

 

La noche del banquete, Meredith entró volando al castillo. Cuando llegó, lo primero que hizo fue verificar el escondite del tesoro. Lo abrió con dos grandes llaves de hierro, una que llevaba encima, atada a la cintura, y otra que estaba escondida en un lugar oculto dentro del recinto que abría la primera. Verificó que el tesoro se encontraba allí brillante en su lugar, y lo cerró rápidamente, como con miedo a que alguien lo viera. Se encontraba luego en un patio que parecía más de una casa vieja que de un palacio, tenía cuatro macetas con plantas, una en cada esquina, y algunas puertas que daban a distintos ambientes. Recorrió unos pasillos hasta llegar a la parte principal del castillo, a través de un arco de piedra. 

 

Entró al salón de fiestas del castillo, era grandilocuente, altísimo, decorado con unas hermosas lámparas de caireles. Las mesas del gran salón estaban dispuestas con fina vajilla, pero no había nadie. Meredith voló, o mejor dicho flotó por encima del altísimo salón. Por momentos le daba vértigo la altura. Se oía un tema de Serrat. También volaban algunas copas y unos platos de color rojo, y pintados a mano. Ella tomó algunos y los arrojó como un freezbee. También flotaban candelabros con velas. 

 

Veía unas pocas personas abajo, y con cuidado bajaba a saludarlos, a conocerlos, a estudiar si a alguno de ellos estaba destinado el tesoro. 

 

Sin saber como había llegado al lugar, el águila, convertida en una de las mujeres que trabajaban entre la servidumbre, se encargaba de recibir a los que estaban llegando a la reunión o festejo. Pudo ver un espacio muy grande de forma circular, pero en partes no tenia piso, se veía como pasto de jardín. Alrededor había unas bardas de unos 50 cms. de altura, eran como de piedra.

 

Don Quijote de la Mancha, cubierto por su armadura, andaba por un callejón, El entre niebla, humedad, paredes de piedra, gente va y viene. Al final del callejón, contra la pared hay una fila de cosas que le era imposible describir. No sabía si eran árboles, personas, o simples postes. Tal vez fueran los aventureros fracasados convertidos en estatuas de sal. Pero en un extremo de la fila, en un rincón vio una copa. Era de cristal muy claro, parecía una copa de martini, pero tenía un contenido de color dorado. El tesoro acostumbraba tomar distintas formas, según quien estuviera mirándolo. Todo lo que pasaba a su alrededor no le importaba. Solo quería llegar a la copa. Casi no podía moverse, estaba como entumecido, tal vez inmovilizado por su armadura. 

 

Por su parte, el ladrón-guerrero que había escapado de prisión días atrás, estaba en un valle oscuro, con hierba por todos lados, mucha vegetación, la luz de la luna...hasta que miró hacia un castillo y resultó ser muy parecido (por no decir el mismo) que uno cuya imagen había visto tiempo atrás, con sus mismas flores azules...y las dos lunas. Siguió andando asombrado de lo bonita que era la imagen, hasta que llegó muy cerca del castillo y decido seguir volando. Alguien lo llamó gritando, por el nombre de Bankar. Desde el aire pudo ver a los que lo llamaban, que parecían campesinos, pero él sólo quería entrar al castillo y no les hizo caso. Ascendió en vertical hasta una de las torres y vio a un caballero subido, con armadura y todo...y le preguntó quién era. El hombre respondió que no se lo podía decir, que una tal pelirroja es su señora y que ha visto a Hellfire. 

 

Meredith bajó de su vuelo por la sala, para recibir a los recién llegados. Vio a un par de personas disfrazadas de gatos, ardillas o algo así. Luego a un par de muchachos: uno rubión de pelo lacio y no muy corto, de unos treinta años, y otro un poco más bajito, morocho y con barbita, que parecía argentino (el otro tal vez español o latinoamericano) Le cayeron bien, pero no eran ellos. Lo supo porque estaba segura de que cuando llegase la persona iba a ser de indiscutible claridad la señal que el mismo tesoro se encargaría de darle. 

 

También se acercó a ella una suerte de bufón con una cabeza gigantesca, como de medio metro de diámetro, lo ignoró y, al ver que la persona esperada no había asistido, salió al balcón. 

 

Frente al castillo había una tienda donde había muchas cosas de colores. La hechicera Meredith se dirigió hacia ella. Unas mujeres vendían unos trapos y ropas de campesina, apoyados en el piso, sobre unas pajas, o tirantes de sogas. Se acercó a ellas, y les preguntó si sabían algo del tesoro, y de como se llamaba la persona que según la profecía vendría a buscarlo. Le dijeron que sí, sabían, que era Elena. Les preguntó más detalles, que le dijeran qué Elena, que le dijeran el apellido. Entonces le dijeron finalmente que ella era Elena Weissenmaier. 

Meredith se fue intrigada por este nombre, desconocido para ella. De todos modos lo que estas vendedoras le dijeron era sólo una opinión. Cuando la persona indicada llegara lo sabría con total claridad. Sería un momento de certezas ineludibles, sería como la segunda llegada de Cristo que promete el Apocalipsis.

 

 

5)Feroces combates

 

La lucha por el tesoro no era puramente pacífica y mental, sino que como toda competencia movilizó energías violentas. Tal fue el caso de un personaje parecido al maestro Yoda, que, ubicado cerca de una gran chimenea (apagada) en una gran sala ambientada al estilo medieval -la cual se encontraba atiborrada de gente vestida de muchas formas diferentes- parecía dar instrucciones a la concurrencia acerca de una misión.

 

En las paredes se observaban muchas clases de armas colgadas (espadas, arcos, lanzas, hasta pistolas y granadas), de pronto todos comenzaban a elegir sus armas y luego se retiraban de la sala en silencio... 

 

Otro guerrero aventurado por el tesoro, estaba en unas ruinas y bajaba por unas escaleras de piedra, y una persona lo desafiaba justo debajo. 

Sin hablar supo que la lucha era inevitable, entonces empezó a bajar las escaleras cargando energía en sus manos y cuando estuvo delante de él le soltó toda la energía quedando este pobre hombre hecho una calcomanía... 

 

Inmediatamente se sintió rodeado por muchos hombres, pero un jinete a caballo (vestido de tuareg) apareció y lo subió al caballo…

 

Un tercer hombre -caballero medieval- había ido ante una oficina pública (real) a presentar todos los requisitos con los que solicitaba permiso para salir del país. Para embarcarse en busca del tesoro. 

 

Le había costado mucho conseguir todos los requisitos, y ese viaje era muy importante para él. Su barco estaba pronto para zarpar. Sólo dependía de la aprobación del terco oficial que estaba enfrente de él, revisando todo con extrema exigencia, y su ayudante grandote y bobo. 

 

Pero no eran sólo papeles lo que le exigían. Uno de los requisitos más extraños, y sobre el que más dudas él tenía, era que debía llevarles una nariz. 

No sabiendo exactamente como interpretar esta consigna, había llevado la nariz de un cerdo, y el hombre la rechazó en cuanto la vio, riéndose. ¿Esto ha traído? ¿Es un chiste? Debe ser la nariz de un aldeano, no la de un animal. El rey lo exige como muestra de la valía de quien solicita este permiso. Vaya de vuelta y regrese cuando la haya conseguido. 

El caballero no podía soportar esa respuesta, estaba harto de burocracias insólitas y crueles. Así que tomó su espada y, de un solo sablazo, desnarigó al oficial. Éste cayó desmayado sobre el piso, desangrándose, tal vez muriendo. Tomó del suelo la nariz ensangrentada, y se la mostró amenazante al otro hombre, el ayudante, mirándolo fijamente "La nariz de un aldeano...mmmm... servirá esta o necesitaré OTRA?" El hombre, pálido, le dijo con voz temblorosa que esa debía estar bien, y le selló el pasaporte.

 

 

 

6)La inesperada aparición de la bruja del mal

 

La hechicera Meredith, alta y estilizada, vestía de negro, con un vestido largo hasta el piso y una capa azul. Tenía el pelo con grandes bucles negros, con mucho cuerpo volándose como con un viento de frente, que recordaba a las serpientes de medusa, y una tiara con una piedra azul muy brillante en la cabeza. 

Quería volar al castillo, porque descubrió que el mismo, ahora, por una extraña razón, era un castillo volador, que flotaba en el aire, en las alturas. 

Arrancó el vuelo con una sola mano adelante, pero se encontró a unos pocos metros con una fuerza invisible que no la dejaba subir. 

Entonces un hada que estaba allí, vino desesperada a decirle que nadie estaba pudiendo volar más alto que eso, que la bruja del mal había hecho un hechizo que lo impedía, para que nadie pudiera llegar al castillo y así poder robarse el tesoro. 

 

Ella misma ahora estaría recorriéndolo a su antojo, buscando el escondite. Meredith tenía que subir cuanto antes para evitar que lograra llegar a él. 

 

Por eso pensaba en unos tickets mágicos, que servían para volar no importa en qué circunstancias. Los creaba, pero como eran muchos, se quedaba con dos y los que quedaban los tiraba (escondía) en el hueco de un ascensor. Cuando estaba saliendo, con su hijo de seis años, listos para volar hasta el castillo, se topó con unos malvados que la venían a acosar justamente para que les diera la solución porque no podían volar, y disimuladamente tiró los tickets a un tacho de basura que había en la calle, para que no cayeran en malas manos. 

-¿Qué tiraste ahí? -Le preguntaron prepotentes - 

-Eh.. nada unas servilletas sucias, por? 

Pero su hijo, en su inocencia, dijo - Yo también vi que tiraste unos tickets! 

-Unos tickets?! (brillaban los ojos de los bandoleros, mientras se disponían a revisar el tacho hediento) Qué tickets?!! 

Meredith le dio un sutil codazo a mi hijo, y le abrió los ojos grandes sin que nadie más la viera como indicándole que no debería haber dicho eso, entonces el pequeño dijo:

-Unos tickets de las nuggets que comimos, pero no eran buenas, eran muy grasosas, así que esos tickets están sucios y aceitados. 

-Al oir estas palabras, y pensar que los niños no mienten, esta gente se alejó y los dejó en paz. 

 

La hechicera volvió al ascensor donde había tirado los demás tickets, y vio que la gente de limpieza los había encontrado, y que un muchacho estaba indagando sobre ellos. Era un joven de pelo largo y enrulado, bronceado, alto y con barbita, y estaba en cuero y con un pantalón blanco, y una cadena de oro con medalla redonda le colgaba del cuello. Ya había dado con los tickets, y para detenerlo lo atacó con un palo. Él tenía otro, y combatieron con ambos palos, con gran destreza. En un momento Meredith pudo hacer un buen golpe y el arma de su contrincante rodó por el aire, quedando el hombre indefenso y contra una pared. Pudo haberle clavado su palo en el estómago, pero no quiso hacerlo. No existía esa violencia ni ese odio dentro de ella. Dejándolo donde estaba, salió volando por la ventana y quiso ir hacia el castillo volador. Se encontró con la muralla invisible, pero pudo atravesarla sin inconvenientes, aunque del lado de arriba todo era muy viscoso, como una gelatina, y se le hacía muy difícil volar -nadar- allí. Con mucho esfuerzo llegó hasta el castillo, pero no podía entrar. Allí la presencia de la bruja era más potente, y la debilitaba. Por eso decidió hacer un "contrahechizo" que consistió en lo siguiente: Se subió a una suerte de moto de agua y empezó a girar en ella al rededor del castillo rodeándolo de una goma rosada: era chicle de frutilla. Fue cubriendo todo el castillo con esa goma, pensando que así vencería el poder de su competidora. 

 

Mientras tanto, el ladrón Bankar continuaba volando por un bosque enorme que ni volando traspasaría en un rato. Bajó al suelo donde vio un claro y se puso a andar, con la idea de encontrar a alguien y hacer más divertido el viaje, que no volando. De repente cerca de sí vio sobrevolar unas hadas enfermas, de color casi negro (como manchadas) y con cicatrices en la piel con sangre. Iban escapando y gritando por la bruja del mal. Entonces decidió preguntarles, pero volaban tan alto y gritando que no le hacían caso. Siguió hacia una pequeña cascada, y decidió tirarse al agua desde arriba. En ese momento giró y vio fuera del agua muy cerca suyo a una mujer muy bella, con ropa de amazona, parecida a Xena, la Princesa Guerrera, pelo castaño ondulado, ojos como verdes o claros, pero muy grandes que llamaban la atención y un símbolo pintado en la cara que era como un corazón. Lo miraba con cara de enfado y sin decir nada le lanzó un cuchillo pequeño. Bankar salió del agua volando, pero justo de los nervios no podía volar bien, se sentía muy pesado. 

 

La bella guerrera se le acercó con una espada y le dijo que no podía estar allí. Entonces volvió a intentar volar, y cuando estaba más alto ya, que vio el bosque a sus pies, vio cinco o seis mujeres como esas que lo amenazaban desde los árboles con arcos. Al mirar abajo de nuevo se sobresaltó por la altura (cosa que le había pasado muchas veces sacándolo de sueños lúcidos, despertándolo) y como siempre se despertó, antes teniendo una breve parálisis (lo que solíaocurrirle al salir de repente de un sueño lúcido) Despertó como había despertado antes, cuando el guerrero en la pared le había hablado sobre Hellfire, y por eso no pudo preguntarle más nada ni seguir investigando. O antes aún, antorcha en mano, al escapar de la prisión. Por suerte pudo regresar a Thunderloth en otros sueños, igual que la hechicera Meredith, que había despertado en varias ocasiones, al rodear el castillo con goma de mascar, en medio del combate con el hombre de la medalla, o tras invitar a todos en la aldea al banquete, pero siempre regresaba en otros sueños. El retorno a la vigilia había también arrancado de Thunderloth a Hellfire en el carruaje, al trovador, que aunque intentó aferrarse al sueño con todas sus ganas ya no logró dormirse, al lobo blanco, al águila, al hada que había encontrado el castillo pequeño, y que cuando estaba en la playa hasta pensaba en el sueño que porque no había invitado a sus hermanos a jugar con ella. Poco a poco iba perdiendo la conciencia de que era un sueño lúcido, pero después se acordó de que seguía en el sueño y se fue de la playa para hacer otras cosas en su sueño y para no seguir forzando a su mente con el tema del “Juego de Rol” y como no tenía algo planeado pues se puso a repasar sus habilidades oníricas e intentó correr como Flash pero no logró hacerlo bien, así que eligió mejor dar saltos gigantes y los hacia enormes de varios metros, pero eran saltos muy lentos, así que no sentía la adrenalina que ella quería, por eso decidió volar y volverse tan ligerita en peso como si se tratara de una pluma, y lo logró. Fue algo extraño, en un momento se dejaba llevar por el aire y se encontraba volando de cabeza. 

 

También despertó el arcángel, despertó Justimcahss cuando llegaba a reunirse con las personas desnudas que lo invitaban a la orgía, despertó el Quijote aunque intentó resistirse, mientras luchaba contra la inmovilidad que le provocaba su armadura, despertó el guerrero subido al caballo del tuareg. 

 

Todos y cada uno de ellos al despertar regresaron a sus vidas cotidianas, pero guardando en el corazón la increíble experiencia de la aventura de Thunderloth. En realidad todos habían encontrado el tesoro mayor: aprender a controlar sus sueños, y a trasladarse en ellos a un mundo fantástico. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nota: Basado en una historia real. Ver relatos originales en este Post

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